Cuando hablamos de maternidad, casi siempre lo hacemos desde un relato luminoso: amor incondicional, plenitud, instinto, felicidad. Sin embargo, existe una cara B que rara vez se nombra en voz alta. Una maternidad atravesada por el cansancio, la culpa, la renuncia, el miedo, la ambivalencia emocional y, en ocasiones, la soledad. Este encuentro nace del deseo de abrir un espacio seguro para hablar de aquello que no siempre se dice, para legitimar experiencias reales y romper silencios. No para cuestionar la maternidad, sino para humanizarla.
Es obvio que cuestionar la maternidad no es estar en contra de las madres ni de la crianza. Es reconocer que no hay una única forma de vivirla ni única forma válida de ser mujer, persona o familia.
Que el Equipo PARA sea un lugar seguro para la duda, el deseo, y también para el "no". Un lugar para experiencias reales; las luminosas y las difíciles, las elegidas y las impuestas, las dichas en voz alta y las silenciadas.
La idea es crear un círculo de diálogo, una invitación a hablar desde la propia experiencia, sin jerarquías ni comparaciones, escuchar sin corregir y sin invalidar. No hay respuestas correctas, sino verdades personales.
Nombrar la cara B de la maternidad no significa rechazarla ni restarle valor. Significa reconocer que es una experiencia profundamente humana, atravesada por contradicciones, límites y necesidades reales. Cuando se rompe el silencio, la culpa se debilita y aparece algo poderoso: el reconocimiento mutuo. Tal vez el primer paso para una maternidad más vivible no sea hacerlo mejor, sino hacerlo acompañadas, con más verdad y menos exigencia.